Hazle Espacio – Pastora Rebecca Germain
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Una enseñanza que afirma que, aunque atravieses dolor, pérdida o incertidumbre, Dios camina contigo y usa cada valle para moldear tu carácter y revelar Su gloria.
En su segunda sesión, “Haz espacio”, la Pastora Rebecca Germain lleva a las mujeres a una reflexión profunda sobre a quién le están dando realmente lugar en su corazón, en su agenda y en su vida. Partiendo de la historia de la mujer sunamita en 2 Reyes 4, Rebecca muestra cómo esta mujer adinerada no solo atendía al profeta Eliseo con hospitalidad, sino que reorganizó su casa, construyó una habitación y la amuebló con lo mejor para honrar la presencia de Dios que él cargaba. Su servicio no era transaccional ni buscando reconocimiento: era una expresión pura de adoración.
A partir de ese modelo, Rebecca confronta la manera en que servimos hoy: en casa, en la iglesia, en el trabajo, en los negocios. Recuerda que todas hemos sido llamadas a servir, que la obediencia no tiene que ver con estar de acuerdo sino con rendirnos, y que el llamado tiene un tiempo límite: el día que Jesús regrese. Habla de la importancia de la obediencia práctica, de dejar de sobreanalizar el llamado y empezar a vivirlo, y de cómo el servicio genuino atrae la recompensa de Dios; en el caso de la sunamita, el milagro de un hijo cuando ya no tenía esperanza.
La plenaria luego entra en una dimensión muy íntima: ¿qué haces cuando la promesa que Dios te dio “muere” en tus brazos? Rebecca muestra cómo la sunamita no se rindió; no llamó “muerte” a lo que Dios aún podía resucitar, no se quedó en queja ni en formalidades, sino que fue directo a la fuente: al hombre de Dios, cerrando la puerta a la incredulidad y perseverando hasta ver al niño volver a la vida. Con esto, anima a las mujeres a “intentarlo otra vez”: volver a creer, volver a levantarse, volver a estudiar, a emprender, a orar, a soñar.
El cierre es una llamada fuerte y tierna a la vez: muchos milagros están siendo asfixiados por ídolos —trabajo, dinero, casa, esposo, hijos, resentimientos, falta de perdón, prácticas espirituales ajenas al evangelio— que compiten con el lugar que solo le pertenece a Dios. El altar se presenta como el lugar donde se entregan esos ídolos y se rompen acuerdos con el enemigo, para hacer espacio a una nueva hambre por Dios, a una mente renovada y a nuevos comienzos. Rebecca recuerda que Dios ya escribió la historia y al final Sus hijas vencen; ahora toca responder, levantarse, tomar el lecho y andar, haciendo espacio para Su presencia por encima de todo.



